Compasión Idiota.

Desde el día 8 al 11 de junio de 2016, tuvo lugar en Zaragoza, en las instalaciones del Hotel Eurostars Boston, el tercer congreso internacional Mindfulness, dirigido por el Dr. Javier García Campayo, del hospital Miguel Servet y director del máster mindfulness de la Universidad de Zaragoza. Fue un congreso extraordinario, muy bien organizado que proponía desde el inicio dos itinerarios, esto es, para interesados en la práctica de mindfulness y para interesados en la investigación y docencia de mindfulness. Ambos senderos, estaban completos de maestros, investigadores y profesionales reconocidos en el sector educativo, empresarial, sanitario o de la tradición. En cualquiera de ellos podías disfrutar conferencias magistrales, mesas con ponencias cada media hora y espacios de práctica continua.

Si en algún momento de mi vida he deseado estar en más de un sitio a la vez, ha sido en este congreso. Lo difícil fue elegir dónde ir, a quién escuchar, de quién aprender. Además, también tuve mi momento adolescente, cuando en alguno de los almuerzos compartí mesa y pastelito con Ronald Siegel, o con Fernando Torrijos, personalidades que conoces por la foto de tus libros o conferencias de youtube pero que de repente, están ahí, tan cerca y tan..humanos.

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Fue en la mesa “Pedagogía de Mindfulness y compasión”, a cargo de Ausiàs Cebolla, David Alvear, Fernando Rodríguez Bornaetxea, Antonio Silvestre y Javier García Campayo, donde aprendí que era eso de la “compasión idiota”, término acuñado por Chogyam Trungpa y que el doctor García Campayo utilizó para poner el broche a ese círculo de ponencias iniciado por Ausiàs.

De forma brillante, porque lo explicó fácilmente y de forma concreta, Ausiàs contextualizó el concepto mindfulness, es decir, explicó qué y cómo se utiliza mindfulness en un contexto educativo, versus en la psicología o su comprensión dentro de lo que marca la tradición. David habló de las motivaciones que tenemos al querer iniciarnos en la práctica de mindfulness y de las causas de abandono de la práctica, planteando que habría que tener en cuenta en futuras formaciones incluir en los programas el trabajar la falta de tiempo y la pereza.

Fernando habló sobre las competencias de los instructores mindfulness, y de la diferencia entre una atención entrenada y una atención SATI (sabia) y el doctor Javier García, como os decía, habló de compasión y de la compasión idiota. Aquí, en España al menos, entendemos la compasión asociada a la palabra “lástima”. Sin embargo,
“sentir compasión” es un atributo mucho más poderoso y útil, de eficacias distintas al compararlo con el término “mindfulness” o atención plena. Según decía Javier, el sufrimiento es inevitable, sin embargo, resistirse a él, provoca un segundo sufrimiento. Este último es en el que se centra el mindfulness, mientras que la compasión trata de ocuparse del primer sufrimiento. ¿Mucho lío?

Leyendo a Denkô Mesa (otro de los ponentes extraordinarios del congreso Mindfulness), extraigo de su blog http://denkomesa.blogspot.com.es/2011/07/compasion-karuna.html?m=1#!  este párrafo explica perfectamente la diferencia entre compasión y compasión idiota.

“La compasión siempre va acompañada del discernimiento justo. La una no puede darse sin la otra. El corazón y la cabeza van juntos en un mismo siendo. Si no trabajamos con inteligencia práctica y una actitud atrevida y valiente, nuestra ayuda podría convertirse en adictiva y generar debilidad en los demás. Practicar la compasión es alejarse conscientemente de la actitud de amabilidad superficial o compasión idiota(darles a los demás lo que quieren, por no verlos sufrir). La compasión real no está fundamentada en la actitud ingenua de simplemente evitar el dolor, tanto propio como de los demás. La verdadera compasión es impecable, se caracteriza por ser leal a la cordura fundamental”

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