Mindfulness, TDAH y ansiedad: ¿qué puede aportar realmente?
Si tienes TDAH —o convives con un hijo o hija que lo tiene— probablemente sepas que las dificultades no siempre terminan en la inatención, la hiperactividad o la impulsividad.
Habitualmente hay más capas.
Rumiación constante. Anticipar que algo va a salir mal. Darle vueltas una y otra vez a una conversación. Miedo a equivocarse. Evitar determinadas situaciones porque te sientes muy inseguro. Sentirse desbordado ante cosas que desde fuera pueden parecer pequeñas.
En otras palabras: ansiedad.
Y cuando TDAH y ansiedad conviven, mindfulness resulta especialmente interesante porque mindfulness entrena precisamente algunas capacidades que pueden resultar especialmente relevantes cuando ambas dificultades se encuentran: darnos cuenta de cómo nos estamos sintiendo ante lo que está ocurriendo, observar nuestros pensamientos y emociones sin reaccionar inmediatamente a ellos, poder establecer un espacio o distancia entre lo que pienso y lo que soy, recuperar la atención cuando nuestra mente se ha marchado a otro sitio o dirigirla intencionadamente hacia otro lugar donde pueda pueda sentir confianza y seguridad.
Pero una cosa es que tenga sentido sobre el papel y otra que funcione en personas reales.
Así que la pregunta interesante es: ¿qué dice la investigación cuando mindfulness se utiliza en personas con TDAH y, especialmente, qué sabemos sobre sus efectos en la ansiedad?
La respuesta es prometedora, aunque cambia bastante según hablemos de adultos, adolescentes o niños.
En adultos con TDAH, los resultados sobre ansiedad son especialmente interesantes
Una revisión sistemática de Kretschmer, Göz Tebrizcik y Dommett (2022), analizó 22 estudios de calidad aceptable, con datos de 1.237 niños y adultos con TDAH y 525 familiares. En conjunto, encontró posibles beneficios de las intervenciones basadas en mindfulness sobre distintos aspectos, entre ellos los síntomas del TDAH, la regulación emocional, la depresión y la ansiedad. Eso sí: los propios autores advertían de que la calidad de la evidencia era todavía limitada.
Cuando se fijaron específicamente en la ansiedad en adultos con TDAH, encontraron un patrón bastante consistente: en los estudios que la habían evaluado, la ansiedad disminuía después de las intervenciones basadas en mindfulness, mientras que los cambios observados en los grupos de comparación eran menores o prácticamente inexistentes. En uno de ellos, además, la mejoría se mantenía tres meses después.
Pero aquí hay un matiz importante. Dos de esos estudios utilizaron como comparación una lista de espera, es decir, un control pasivo: las personas del grupo control no recibían durante ese periodo una intervención alternativa equivalente. En el tercer estudio, la revisión no especifica suficientemente la naturaleza del control como para clasificarlo con seguridad como activo.
¿Por qué importa esto?
Porque superar a una lista de espera es una buena señal, pero no permite saber cuánto del beneficio se debe específicamente al entrenamiento en mindfulness y cuánto puede estar relacionado con otros elementos asociados a recibir una intervención.
Una segunda revisión de Guo, Assumpcao y Hu, publicada también en 2022 ayuda a completar la fotografía. Este metaanálisis reunió 44 ensayos controlados aleatorizados sobre intervenciones no farmacológicas y síntomas emocionales en personas con TDAH.
Al separar las intervenciones por tipo, las terapias basadas en mindfulness mostraron una ventaja significativa y de magnitud moderada-grande sobre el grupo control para reducir la ansiedad inmediatamente después del tratamiento (SMD = 0,75; IC 95%: 0,20–1,31). Sin embargo, esa superioridad frente al grupo control no quedó demostrada en el seguimiento.
Aquí también debemos mirar la letra pequeña: el resultado específico de mindfulness sobre ansiedad procedía de un ensayo que lo comparaba con un grupo de control pasivo, «lista de espera». Por tanto, es un resultado favorable, pero no equivale a disponer de varios ensayos que hayan demostrado su superioridad frente a otras intervenciones psicológicas activas.
La terapia cognitivo-conductual (TCC), por ejemplo, también redujo significativamente la ansiedad frente a los controles después del tratamiento (SMD = 0,33; IC 95%: 0,15–0,50) y mantuvo una ventaja significativa en el seguimiento (SMD = 0,47; IC 95%: 0,12–0,82), con estudios que utilizaron distintos tipos de comparación: algunos utilizaron listas de espera, otros tratamiento habitual y otros controles activos.
Dicho de otra forma: hay señales bastante interesantes de que mindfulness puede reducir la ansiedad en adultos con TDAH y los cambios observados no parecen pequeños. Al mismo tiempo, la evidencia específicamente centrada en ansiedad todavía procede de pocos estudios y necesitamos más ensayos con controles activos que permitan precisar mejor qué aporta mindfulness frente a otras intervenciones psicológicas.
En adolescentes tenemos un estudio que preguntó directamente por la ansiedad social
La investigación se vuelve todavía más interesante cuando encontramos estudios que convierten la ansiedad, en uno de sus objetivos principales.
Eso hizo un trabajo publicado por Sayadi et al. (2025) en el que participaron 30 adolescentes de entre 13 y 15 años con TDAH.
Los adolescentes fueron seleccionados mediante muestreo de conveniencia y después distribuidos aleatoriamente entre dos grupos.
Un grupo realizó un programa de reducción del estrés basado en mindfulness (MBSR) durante ocho sesiones de 90 minutos.
El otro permaneció en lista de espera(control pasivo).
Los investigadores midieron dos cosas: habilidades de autogestión y ansiedad social, antes de comenzar el programa, al terminar y dos meses después.
¿Y qué encontraron?
Los adolescentes que realizaron MBSR mejoraron significativamente sus habilidades de autogestión y redujeron significativamente su ansiedad social en comparación con el grupo control.
Además, los efectos se mantuvieron en gran medida dos meses después de terminar el programa.
Este estudio me parece especialmente interesante porque los participantes tenían TDAH, la intervención estaba basada en mindfulness y una de las variables estudiadas era específicamente la ansiedad social.
Eso sí: hablamos de 30 adolescentes, una muestra pequeña, seleccionada por conveniencia y comparada con una lista de espera, no con otra intervención psicológica.
Por tanto, es un resultado directo y muy prometedor que necesita ser replicado en estudios más grandes.
No invalida el resultado. Simplemente nos dice cuánto podemos apoyarnos en él, mientras llegan más datos.
¿Y qué ocurre en niños con TDAH y ansiedad?
Cuando nos centramos en niños, encontramos estudios sobre mindfulness y TDAH con resultados interesantes en diferentes áreas. También existen algunas señales favorables en dificultades emocionales relacionadas con la ansiedad, aunque son menos los estudios que han evaluado específicamente la ansiedad como variable de resultado.
Esto es importante porque no significa que mindfulness no pueda resultar útil cuando un niño con TDAH presenta también ansiedad. Significa algo bastante más sencillo: la investigación infantil se ha centrado con mayor frecuencia en los síntomas del TDAH, la atención, las funciones ejecutivas o medidas más amplias de dificultades emocionales que en evaluar específicamente la ansiedad.
La revisión sistemática de González y colaboradores publicada en 2023, que analizó 10 estudios sobre yoga y meditación en niños con TDAH, encontró resultados positivos en diferentes síntomas relacionados con el TDAH, como atención, hiperactividad e impulsividad, y señaló también posibles beneficios en aspectos psicológicos como la ansiedad y la autoestima. Los propios autores, sin embargo, destacaron la necesidad de estudios con muestras mayores y seguimientos más largos.
La revisión de Kretschmer, Göz Tebrizcik y Dommett (2022) que comentábamos al principio, también ayuda a poner estos resultados en contexto. Mientras que en adultos con TDAH encontraron resultados favorables en medidas específicas de ansiedad, la evidencia disponible sobre ansiedad y depresión en los estudios realizados con niños y familias fue bastante menos consistente. Los propios autores concluyeron que la evidencia sobre estos efectos era menos convincente en niños.
Pero hay otro estudio que añade una pieza interesante.
Bögels et al. (2021) estudiaron 167 niños y adolescentes con TDAH, de entre 7 y 19 años, que participaron en MYmind, un programa (objeto de mi tesis) específicamente adaptado al TDAH que combina entrenamiento mindfulness para los hijos con mindful parenting para sus padres.
En 106 de esas familias, los investigadores realizaron además una evaluación durante el periodo de espera previo al comienzo del programa, lo que permitió comparar qué ocurría mientras esperaban con los cambios observados después de MYmind. Los participantes fueron evaluados al terminar el programa, ocho semanas después y nuevamente al año, aunque en este último seguimiento participó aproximadamente la mitad de las familias.
Entre las variables evaluadas estaban los problemas internalizantes de los hijos. Según las valoraciones de los padres, estos problemas no mejoraron significativamente durante el periodo de espera, pero sí disminuyeron significativamente después de MYmind. La reducción fue inicialmente pequeña y alcanzó un tamaño medio tanto a las ocho semanas como al año.
Aquí debemos distinguir algo importante: problemas internalizantes no significa exactamente ansiedad. Es una categoría más amplia que incluye diferentes dificultades emocionales. Por eso este estudio no permite afirmar que MYmind reduzca específicamente la ansiedad infantil, pero sí aporta un resultado interesante sobre dificultades emocionales que pueden acompañar al TDAH.
En conjunto, por tanto, en la infancia encontramos señales prometedoras, pero la investigación específicamente centrada en ansiedad es todavía escasa. Tenemos algunos resultados favorables sobre ansiedad y otros problemas emocionales, y estudios como el de Bögels et al. (2021) muestran mejoras en problemas internalizantes después de una intervención de mindfulness adaptada al TDAH. Lo que necesitamos ahora son más estudios que evalúen la ansiedad de forma específica y permitan precisar mejor qué efecto puede tener mindfulness sobre ella.
Entonces, ¿qué puede aportar mindfulness cuando conviven TDAH y ansiedad?
Si volvemos a la pregunta con la que comenzábamos, la investigación disponible permite mirar estas intervenciones con bastante interés, aunque no tengamos el mismo grado de evidencia en todas las edades.
En adultos con TDAH, encontramos reducciones relevantes de ansiedad después de intervenciones basadas en mindfulness, aunque todavía necesitamos más comparaciones con intervenciones activas.
En adolescentes, contamos ya con un estudio dirigido específicamente a la ansiedad social que encontró mejoras significativas después de un programa MBSR.
Y en niños, aunque tenemos menos investigación centrada específicamente en ansiedad, encontramos resultados interesantes en problemas internalizantes y otros aspectos emocionales.
Esto permite entender mindfulness como algo bastante más amplio que una práctica destinada simplemente a “estar más tranquilo”.
Supone entrenar capacidades como reconocer lo que está ocurriendo, detectar cómo una emoción se manifiesta en el cuerpo, observar un pensamiento sin tener que seguirlo automáticamente, crear cierta distancia respecto a él y volver a dirigir intencionadamente la atención cuando nuestra mente ha quedado atrapada en la preocupación.
Y aquí hay algo que considero fundamental: dos personas pueden compartir un diagnóstico de TDAH y necesitar trabajar cosas completamente diferentes.
Una puede quedarse atrapada en pensamientos anticipatorios. Otra puede darse cuenta demasiado tarde de que su ansiedad está aumentando. Otra puede reaccionar impulsivamente cuando aparece una emoción intensa. Y otra puede necesitar aprender a recuperar su atención cuando queda secuestrada por la preocupación.
El diagnóstico puede ser el mismo. La persona no.
Por eso tiene sentido adaptar las prácticas a las necesidades, dificultades y objetivos concretos de cada persona y, cuando sea necesario, integrarlas dentro de un abordaje más amplio.
La investigación todavía tiene preguntas por responder, especialmente cuando hablamos de ansiedad en niños con TDAH. Pero ya tenemos motivos para seguir investigando —y utilizando con criterio— estas intervenciones.
Porque mindfulness no pretende que desaparezcan los pensamientos difíciles o las emociones intensas. Tampoco presumir de una atención férrea. Lo que entrena es nuestra capacidad para darnos cuenta de lo que está ocurriendo, relacionarnos con ello desde una actitud de aceptación y amabilidad, y disponer de más recursos para decidir qué hacemos a partir de ahí.
Si eres adulto, tienes TDAH y quieres aprender a relacionarte de otra manera con la ansiedad, puedo acompañarte en ese proceso a través de un entrenamiento individual 1:1 online, basado en mindfulness y compasión.
Si quieres contarme tu caso y valorar si este entrenamiento puede encajar contigo, escríbeme a info@volandocometas.com






